Defender a un acordeonista
Un artículo más sobre el tema, pero sin estridencias para llamar la atención
Lo decía Sabina, "el diario no hablaba de ti, ni de mí". Sigue sin hacerlo, salvo en contadas excepciones, y lo llevamos fatal en general. De los 15 minutos de fama de los que hablaba Warhol, hemos pasado a querer ser relevantes todo el rato.
Los diarios últimamente parece que solo hablan de Uclés (ya ni siquiera hace falta poner su nombre, se ha elevado a categoría), el autor de una novela que me encantó: La península de las casas vacías. El libro es de 2024, así que todos los que dicen "no me lo he leído, pero..." han tenido dos añazos para hacerlo. Vagos.
En este tiempo, el éxito ha puesto en el disparadero al escritor, que para colmo lleva boina y toca el acordeón. Significarse así y tener éxito es un riesgo, es un caramelito para el columnista de gatillo fácil y para los tuiteros anónimos sedientos de atención.
Y, encima, va y se borra del cartel de unas conferencias en las que no se veía cómodo. Esto no es algo tan raro en eventos con tantos participantes, no da para tanta literatura posterior. El chico no viene porque no le parecen bien el tema ni los invitados, pues a otra cosa, mariposa. Puedo entender la queja de la organización, hubiera sido mejor saberlo de antemano, pero poco más. Siempre se le puede sustituir. El resto del circo de dos pistas que se ha montado es absurdo, da la sensación de que Uclés es alguien imprescindible para debatir sobre la Guerra Civil. ¿Lo es?
Bueno, para el columnista, que no periodista, que quiere convertirse en noticia, el circo no es tan absurdo, es una fuente de tráfico, una excusa más para incentivar el rage bait tan citado últimamente. Así, de algo que no merece más de un día de atención, se extraen dos semanas de mamporros que atraen espectadores y movilizan a dos bandos, aunque la sensación es la de que en este pelea están todos contra uno. Todos buscan un ganador y un perdedor, manda huevos, ocupando espacio en medios que bien podría usarse para abordar temas relevantes.
Pero no, lo importante ahora es la firma, que el diario hable de ti, no de lo que sucede, de ti, polemista profesional, tuitero desesperado por un like. Lo único que ganas es ese subidón de ver crecer las estadísticas durante unos días, pero en el fondo pierdes bastante estirando el chicle: te conviertes en un palizas y estás empezando a generar el efecto contrario. Aunque, bien pensado, igual te pagan por eso.
Superar la turra que ofrece un acordeonista, cualquier acordeonista, es complicado, pero quienes se empeñan en apedrearlo se están llevando el premio gordo. Venga, a otra cosa, que el disparate y el ridículo deben tener un límite.
Me pienso leer La ciudad de las luces muertas. No creo que supere a La península de las casas vacías, pero tanta crítica agresiva supone una provocación difícil de resistir. Igual es lo que quieren en Planeta.
Nota: ¿Y de la guerra civil, qué, no dices nada? Pues sí, que claro que hubo ganadores y perdedores. Es que ahí no hay debate alguno. Y, cuidado, que parece que hay quien quiere volver al 36 y no molaría que volvieran a ganar los mismos, que aún viven de las rentas.
Mejor en la voz de María Jiménez:

